El día de ayer me levanté y me di cuenta de que uno de mis audífonos no estaba. No entendía qué había pasado hasta que recordé que, el día anterior, el estuche se me había caído en el estacionamiento del centro comercial y, en ese momento, ni siquiera me fijé si ambos AirPods seguían ahí. Ese pequeño descuido hizo que mi plan del día cambiara por completo.
Bueno… mi plan.
Porque, en realidad, Dios ya estaba obrando a través de todo esto.
Esa mañana había orado algo muy sencillo: “Dios, quisiera que me guíes en este día. Quiero escribir algo para el blog, pero sé Tú haciéndolo”. Y, aunque no lo sabía en ese momento, Él estaba respondiendo mi oración a través de un incidente tan cotidiano y trivial como perder un audífono.
Dios estaba utilizando algo pequeño para recordarme algo eterno: la importancia de esperar en Él. Y, siendo sincera, la espera no es precisamente uno de mis temas favoritos…
Sé que, en perspectiva, unos audífonos son irrelevantes. Esta experiencia no se compara con la espera de un diagnóstico médico, de sanidad, de un trabajo, de un esposo, de un hijo… La vida está llena de esperas. Pero aun en lo ordinario y en lo extraordinario, estamos llamadas a esperar en Él.
¿Pero cómo esperar?
- El verdadero tesoro
Mientras esperamos, una y otra vez somos tentadas a creer que aquello que anhelamos finalmente traerá plenitud a nuestro corazón.
“Cuando tenga…”, “cuando sea…”, “cuando por fin suceda…”, “si tan solo tuviera…” entonces seré feliz.
¿Te ha pasado?
Pero quiero hacer una acotación aquí: anhelar y soñar no es malo en sí mismo. Dios escucha nuestras oraciones y se deleita en bendecir a Sus hijos. Sin embargo, nada de lo que Él pueda concedernos, aun aquello que nos produzca una inmensa alegría… podrá satisfacernos plenamente.
Porque, tarde o temprano, esa emoción se desvanece. Nada en este mundo fue diseñado para llenar por completo nuestro corazón.
No es lo que tienes, lo que obtienes o lo que logras lo que te completa. Aun si hoy no tienes aquello que anhelas, estás completa en Cristo.
“Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él, y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad.”
— Colosenses 2:9-10 (NBLA)
En mi caso, el audífono “volador” apareció. Ningún carro lo aplastó. Nada malo pasó. Estaba exactamente en el lugar donde se había caído. Me emocioné, agradecí y, casi de inmediato, comenzaron otro tipo de preocupaciones: “No he desayunado”, “No estaba en mi presupuesto comer afuera ahora”, “Hubiese traído una fruta o lo habría planeado mejor…”.
Comparto esto porque sé que no soy la única esperando algo con todo su corazón. Pero la realidad es que el verdadero tesoro no se encuentra en aquello que anhelas, sino en Aquel que anhela que le conozcas más profundamente, aun cuando para eso debas aprender a esperar.
2. Posible e imposible
Creo que lo más difícil de esperar es ver el tiempo pasar y seguir en la misma situación, no solo semanas, sino meses e incluso años. Y, aunque a veces se sienta imposible de soportar, sí podemos elegir cómo atravesar la espera:
Camino al centro comercial, tuve la opción de pasar 45 minutos afanada, imaginando lo peor, llamando a seguridad para intentar rescatar un audífono antes de que una llanta lo destruyera. O podía descansar en el Señor.
Y ese “descansar en el Señor” en la teoría suena sencilla, pero en la práctica está llena de rendición, arrepentimiento, entrega y, sobre todo, muchas lágrimas.
Descansar en el Señor es recordar que nosotras no controlamos nada, pero Dios sí.
Descansar es humillarnos al recordar que Él es Dios y no se equivoca. Y si Él dice que nos ama, entonces nos ama, aun cuando no lo sintamos así.
Descansar es rendir mis sentimientos una y otra vez, mi voluntad, mis sueños, mis planes… por Su causa.
Descansar es entregar mi razonamiento y decidir no confiar en mi corazón, que tantas veces me engaña.
Descansar incluye hacer oraciones imperfectas, escribir pensamientos en una letra que ni siquiera yo entiendo, llorar sin palabras… no una sola vez, sino quizás muchas veces.
Humanamente sí es imposible descansar en nuestras propias fuerzas.
Pero Dios dice:
“ Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”
— Isaías 40:30-31 (RVR1960)
- Dios promete renovar nuestras fuerzas.
- Dios promete levantarnos.
- Dios promete sostenernos.
Estamos bajo la sombra de Sus alas; por eso sí es posible esperar, aunque duela.
3. Gracia en el proceso
Mientras esperaba llegar al destino, quise evitar mis pensamientos distrayéndome con música. Quería apagar las voces en mi cabeza, pero, oh sorpresa, no tenía mi audífono.
Mi esposo me preguntó por qué no usé el que sí tenía, y seguramente tú te preguntes lo mismo. Pero, sinceramente, no me gusta escuchar música de un solo lado porque percibo demasiados estímulos a la vez y eso me altera más que no escuchar nada.
Entonces decidí escribir, orar y enfocarme en el proceso.
Suena sencillo, pero para eso necesitamos de Su gracia obrando en nosotras. Estamos acostumbradas a huir cuando algo nos incomoda. Las redes sociales nos han vuelto adictas a la distracción; no toleramos el silencio. A muchas nos perturba porque nos encontramos cara a cara con lo que más tememos: nuestro propio mar de pensamientos enredados entre sí.
Yo no quería enfrentarme a lo que estaba pensando. Quería huir. Pero leer en el trayecto me marea, escuchar música no podía y mirar el celular también me marea. Escribir… bueno, no lo hice perfecto, pero al menos no me mareaba. Así que también decidí observar el paisaje y hablar con Dios.
En los procesos de espera, a veces anhelamos que todo termine rápido para recién entonces disfrutar “mejor” de Dios, servirle mejor o sentirnos más tranquilas.
Pero no necesitamos obtener aquello que anhelamos para experimentar y ser testigos de la bondad y el amor de Dios. De hecho creo que en mis peores momentos, he podido conocer a Dios como mi mayor consuelo y más fiel consejero. En mis grandes batallas, Él ha sido quién una y otra vez pelea y guarda de mí. Hasta pienso que soy un mejor instrumento para Su gloria cuando reconozco mi debilidad y descanso en Su fortaleza.
“Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.”
— 2 Corintios 12:9 (NBLA)
No estás sola <3
Tal vez tu espera no sea recuperar un audífono. Quizás no tuviste que esperar 45 minutos en un bus. Tal vez estás esperando algo desde hace meses, incluso años.
Lo que sientes es válido, pero también es verdad que no será para siempre.
Y mientras esperas, quisiera compartir contigo una frase que leí en un libro:
“Lo peor que podría haberte pasado no ocurrió, porque Cristo recibió en tu lugar la justicia de Dios. Y lo mejor que podría haberte pasado ya ocurrió, porque Cristo compró tu vida y ahora le perteneces”.
Mañana no estarás más plena que hoy, porque hoy tienes a Cristo. De Él viene tu suficiencia, tu alegría y plenitud.
Oro, entonces, para que Cristo consuele tu corazón, renueve tus fuerzas y se revele a tu vida de maneras más profundas y hermosas de lo que imaginabas.
Eres profundamente amada y vista <3
