«Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré». Josué 1:5, NBLA
Faltaban solo dos semanas para que empezaran mis clases en la universidad cuando el último requisito para finalizar el trámite de visa nuevamente me fue negada. Sin entrar tanto en detalle en la burocracia, para el 2016 gran parte del sistema en Alemania había cambiado debido a la ola de refugiados del año anterior.
A mí “solo” me faltaba comprobar que tenía suficiente dinero para poder vivir un año en Alemania, pero, debido a tantos cambios, no podía abrir una cuenta bancaria.
Recuerdo que, en ese momento, no entendía el porqué de todo esto ni cuánto duraría esta incertidumbre. Estábamos en septiembre y yo había iniciado minuciosamente todo el papeleo en enero de ese mismo año.
Una noche antes de recibir este último «NO» del banco, clamé a Dios y le entregué mi futuro. Quería que, fuera cual fuera el resultado, pudiera conocerlo más y depender de Él. Entonces, al recibir esta última noticia, interpreté que la puerta estaba definitivamente cerrada.
Perdería mi plaza en la universidad y tendría que buscar otras alternativas de estudio. Realmente estaba triste en ese momento, pero en cierta manera, también en paz.
Hasta que una amiga muy querida me escribió por mensaje estas palabras: «Qué pena, pero ¿estás segura de que has hecho todo lo posible?».
Hoy sé que Dios usó su curiosidad y sus palabras de ánimo, porque no dudé en ir personalmente a la embajada alemana en mi ciudad, sin cita, sin plan… solo con aquella negativa. Iba únicamente para cerciorarme de que realmente ya había hecho todo lo posible.
Nunca voy a olvidar que, al llegar mi turno, la señora que me atendía fue muy fría y distante conmigo. Por pura gracia, no lloré, pero seguí contándole mi versión de la situación en alemán. De pronto, apareció una mujer que fue usada por Dios y que también se detuvo a escucharme. Se metió en la conversación y, sorprendida por «mi historia», me dijo:
«Hablas muy bien alemán. Sería una pena que no pudieses estudiar allá debido a la burocracia. Ven mañana a primera hora con tu aval —la persona responsable económicamente de ti aquí en Perú— y con ello haremos un documento extraordinario para que puedas completar el trámite de la visa. Luego de eso, recibirás tu visa apenas la impriman y te lo haremos saber».
Lo que había pasado era prácticamente imposible, porque uno debía tener una cuenta bancaria en Alemania o un aval en Alemania, pero no en el mismo país de origen.
No recuerdo las fechas exactas, pero literalmente me estaba diciendo: «Vas a viajar, así que prepárate».
Y así fue. En aproximadamente seis días tuve que hacer maletas, buscar alojamiento, hacer despedidas y demás para viajar sin fecha de retorno. Fueron seis días en los que no me quedó tiempo ni para procesar todo lo que dejaba atrás.
Pero hoy estoy convencida de que fue Dios quien me conocía tanto que sabía que esos eran los días suficientes para despedirme de quienes amo y de 19 años de recuerdos y vivencias.
Fue Dios quien permitió que no lo pensara tanto, porque quizás no hubiese sido lo suficientemente valiente para migrar.
Fue Dios quien permitió que comprendiera que no era yo, sino Su mano poderosa, la que me traía a este país, al que ahora llamo hogar.
Fue Dios quien sabía todo lo que vendría, para que, al mirar atrás, no dudara de que era Su voluntad y no la mía que estuviese aquí.
El camino hacia Él
Sé que no soy la única, pero todos, en algún momento de la vida, atravesamos momentos de espera, de incertidumbre y hasta de angustia, en los que nos sentimos «estancados» porque estamos aguardando una respuesta.
Esperamos ansiosamente que, finalmente, el camino se nos haga claro o finalmente termine para poder seguir tranquilos con nuestra vida.
Esta experiencia que viví me hace recordar un poco al Éxodo, concretamente a la salida de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Ellos salieron, no por sus propias fuerzas, sino bajo la mano poderosa de Dios, que se hizo evidente después de las diez plagas.
Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué salieron? ¿Para qué los sacó Dios de Egipto? Quizás podemos encontrar un poco de la respuesta en este cántico del pueblo luego de su liberación:
«En Tu misericordia has guiado al pueblo que has redimido;
Con Tu poder los has guiado a Tu santa morada». Éxodo 15:13, NBLA
Dios rescató a Su pueblo de la esclavitud para atraerlos hacia Él y para que lo adoraran solo a Él. Israel era el pueblo escogido por Dios, y Dios los quería para Sí. El camino que Dios abriría delante de ellos sería uno en el que lo conocerían y dependerían cada vez más de Él, porque claramente depender de Dios no era algo que les resultara natural.
No necesariamente tienes que migrar para identificarte con este pasaje bíblico. Dios muchas veces permite que atravesemos por momentos no muy agradables, que incluso pueden alterar por completo nuestros contextos, circunstancias o relaciones para atraernos hacia Él.
Todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, pero no todos somos Sus hijos por naturaleza. Cristo, el unigénito Hijo de Dios, se dio a Sí mismo para que pudiéramos pertenecer ahora a Su familia. Sin Cristo, seguiríamos siendo esclavos del pecado.
Yo no era esclava ni en Egipto ni en Perú, pero sí lo era de mis pecados. Dios me salvó antes de migrar, pero, en mi vida, abrió este camino de la migración para seguir rescatándome de mí misma —o, en términos cristianos, para santificarme— y enseñarme la importancia de depender más de Cristo que de mí misma o de las personas que me rodean.
Por gracia, Él muchas veces no nos exime de seguir atravesando momentos inciertos. Sin embargo, cada una de estas circunstancias puede tener un propósito superior: Dios puede usarlas para llevarnos a conocer más profundamente Su carácter y Su corazón.
De hecho, es precisamente en esos momentos cuando, en la práctica, podemos experimentar que Él ciertamente nunca soltará a Sus escogidos. Jamás nos dejará ni nos abandonará, y Su presencia es suficiente en todo tiempo.
Para profundizar:
- Éxodo 13-15
- Juan 17:3
- Salmo 121
