Diversos estudios científicos han demostrado los beneficios de practicar la gratitud: mejora nuestro estado de ánimo al liberar “hormonas de la felicidad”, reduce el cortisol e incluso impacta positivamente en nuestra salud física mejorando nuestro sistema inmune.
Y aunque hoy la ciencia lo confirme, la Biblia lo ha enseñado desde hace siglos… instándonos incluso a practicarla en todo tiempo.
Agradecer es fácil cuando tienes lo que deseas, como lo deseas y en el tiempo que lo deseas. Muchas veces, los planes de Dios y Su buena voluntad coinciden con nuestros anhelos porque Él se deleita en consentir a Sus hijos.
¿Pero qué pasa cuando algo no sale como esperabas? ¿Qué pasa cuando agradecer duele?
Recuerdo que cuando migré a Alemania, los primeros seis meses se sintieron como una luna de miel, pero los siguientes seis años fueron cuesta abajo. Sentía que todo en mi vida iba de mal en peor. No era solo una cosa: era la salud, las relaciones, crisis de identidad, inestabilidad…sentía que me hundía en todos los sentidos y lo único real en mi vida era el dolor.
En ese entonces, mis patrones de pensamiento erróneos se intensificaron. Atravesé una verdadera crisis de fe. Llegué a creer que Dios no me escuchaba, que estaba distante, que no me amaba y que no era bueno conmigo.
También recuerdo que en consejería me hablaban de la gratitud, pero, sinceramente, no la practicaba. “¿Cómo le dices a alguien que agradezca en medio del sufrimiento?”, pensaba.
Asi que, empecé a caer en la ingratitud porque, en el fondo, la veía como algo secundario, insignificante, sin valor.
Con el tiempo entendí que la ingratitud no era algo trivial. De hecho, es un mandamiento y, al no obedecerlo, estaba produciendo efectos esclavizantes en mí, como cualquier otro pecado.
Estoy convencida de que Dios no nos llama a reprimir nuestro sufrimiento ni a actuar como si nada pasara; más bien, en Su amor hacia nosotras, nos manda a practicar la gratitud en todo tiempo como un medio de gracia para proteger nuestro corazón de la amargura, el afán y el orgullo.
1. La amargura
La amargura es la voz de la injusticia. Cuando nos airamos, es porque, en el fondo, creemos que lo que estamos viviendo no es justo. Sea cual sea la circunstancia, la ira en sí misma no es pecado, sino una emoción; lo pecaminoso es lo que hacemos con ella. Un corazón agradecido no guarda rencor ni se resiente, porque reconoce quién es el único justo: Dios.
Sé que muchas veces no vamos a entender Sus caminos, pero, mientras lloramos y nos lamentamos en medio de los procesos, perseveremos en cultivar la gratitud.
Uno de los mejores ejemplos que encontramos en la Biblia es el apóstol Pablo, quien, aun encarcelado por predicar el evangelio, practicó la gratitud en medio de la aflicción y, con toda autoridad, nos enseña por medio del Espíritu:
“Den gracias en toda circunstancia, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.”
(1 Tesalonicenses 5:18)
2. El afán
Uno de mis versículos favoritos y necesarios para mi día a día, escrito también por Pablo, es Filipenses 4:6:
“Por nada estén afanosos, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”
Es un privilegio inmenso tener acceso constante a Dios. Podemos contarle todo, derramar nuestro corazón una y otra vez. Pero no olvidemos venir a Él con acción de gracias.
Confieso que muchas veces he ido a Dios con mis quejas, preocupaciones y problemas, y al terminar de orar me he sentido más ansiosa y cargada que antes. ¿Soy a caso la única?
Pero cuando me acerco a Dios con acción de gracias, aun cuando algo me duele o me angustia, Él a Su tiempo lleva mi corazón a un estado de quietud inexplicable. Tal como lo describe el versículo siguiente:
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7)
Los Salmos son un buen punto de partida si nos cuesta orar y agradecer en momentos de aflicción. El Salmo 13, por ejemplo, muestra cómo David derrama sus preguntas y la incomodidad de su corazón ante Dios… pero termina enfocándose en el carácter bondadoso de Dios:
“Mas yo en tu misericordia he confiado;
mi corazón se alegrará en tu salvación.
Cantaré a Jehová,
porque me ha hecho bien.”
3. El orgullo
Un corazón desagradecido es, en el fondo, un corazón orgulloso. Puede sonar fuerte, pero es verdad. A veces somos muy rápidas para cuestionar a Dios y ponernos a Su altura.
En múltiples ocasiones, comencé a dudar de Su bondad y de Su amor por mí al comparar las “bendiciones” que recibía:
Si tengo esto, Dios es bueno… y si no, ¿será que no lo es realmente?
Su carácter no está supeditado a lo que Él me da o deja de dar. De hecho, Él ya nos ha dado más de lo que merecemos: salvación, adopción, identidad, propósito y mucho más. No merecemos más que Su justicia por nuestros pecados, pero Él nos ha extendido misericordia:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
(Romanos 5:8)
Agradecer finalmente mata mi orgullo, porque me lleva a reconocer que Él es Dios… y yo no lo soy.
Esperanza
Actualmente mi esposo y yo estamos atravesando diversas pruebas, pero puedo ver una gran diferencia en mi día a día al obedecer el llamado a la gratitud. Perseverar en ver lo bueno y agradecer en todo tiempo protege mi corazón de cualquier tipo de pensamiento que ponga en duda el carácter de Dios y me permite vivir con gozo, plenitud y esperanza, a pesar de mis circunstancias actuales.
Hoy puedo decir que doy gracias a Dios por el dolor del pasado e incluso por el dolor presente. No porque me guste, ni porque no anhele que mis deseos se cumplan, sino porque ese dolor me mantiene cerca de Él, contemplando Su gracia y Su bondad… aunque los regalos que espero no lleguen en el empaque que quisiera.
Es ese dolor que me hace más como Cristo, me lleva a conocerlo más y también a consolar a otras como yo estoy siendo consolada.
Oro para que, quien lea esto, sea animada a no rendirse, a perseverar y a dejarse consolar por un Dios cercano… cercano a los contritos de corazón.
Que Él sea tu ayuda en este momento y te dé la gracia para ver la gratitud como un medio de Su gracia mientras atraviesas esta temporada agridulce.
Salmos a meditar
- Salmo 103 – No olvides Sus beneficios
- Salmo 51 – Él no rechaza al corazón contrito y humillado
- Salmo 13 – Puedes derramar tu corazón a él y aun así agradecer
Te mando un fuerte abrazo 🤍
