Una cosa es necesaria

Empezó un nuevo año y, con él, nuevas metas, resoluciones y aspiraciones.
Sé que no todas las personas son iguales; cada una percibe un nuevo año de manera diferente, según su personalidad y temperamento. A algunos les da igual; otros son súper meticulosos con sus metas y propósitos, y a otros simplemente les encanta ir con el flow.

En lo personal, amo la planificación. Me encantan las metas y los retos porque me gusta mucho aprender y crecer. Sin embargo, viví por muchos años como cautiva. Cada año me proponía cumplir cosas, pero seguía arrastrando pendientes y, con el pasar de los años, más cosas se añadieron a la lista. Vivía entre el “quiero lograr algo, pero todavía no” y el “¡ay, otra vez no lo cumplí!”.

Un ejemplo clásico y práctico: perder peso. La gran mayoría de las mujeres añoramos estar en nuestro peso ideal y vernos bien con la ropa que nos encanta. Lo malo es que la motivación ferviente llega… y, así como llega, se va.

Esa fue mi realidad durante años, quizá décadas. Probé de todo, pero no vi resultados reales hasta finales del año pasado. ¿Qué cambió? Muchas cosas, comenzando por mi manera de pensar y mis prioridades. Ese cambio no ocurrió de la noche a la mañana ni fue producto de mis propias fuerzas. Fue sembrado a través de Su Palabra y fortalecido por el Espíritu Santo; lo demás llegó por añadidura.

El proceso se dio en la perseverancia, en lo secreto, en lo que nadie ve… en medio de la quietud. No de un día ni por las circunstancias, sino a lo largo de los años y por la gracia de Dios.

Algo similar ocurre en el ámbito espiritual. Anhelamos que nuestra relación con Dios florezca, pero, como Marta (Lucas 10:38–42), vivimos agitadas y afanadas por hacer, más que por descansar en la persona de Jesús, como lo hizo María. Buscamos más rutinas, más éxito, más trabajo… pero ¿qué sucede con aquello que no se ve?

Prioridades

Este pasaje ha bendecido y confrontado —hasta hoy— mi diario vivir. Porque, si somos honestas, hay mucho por hacer, pero ¿qué es lo necesario? ¿Qué es lo verdaderamente importante?

“El Señor le respondió: ‘Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero solo una cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada’.”
(Lucas 10:41–42, NBLA)

Para quienes no están muy familiarizadas con la historia: Marta y María eran hermanas, y Jesús fue a visitarlas. Marta lo recibe y está pendiente de que a Jesús no le falte nada; la Biblia relata que “Marta se preocupaba con todos los preparativos”. María, por otro lado, estaba sentada a los pies de Jesús, escuchándolo.

Como cualquier mujer preocupada y afanada, Marta se queja por la falta de ayuda de María. Y es allí donde Jesús responde lo que acabamos de leer.

Dudo mucho que Jesús se lo haya dicho en tono de burla o crítica. Él, siendo Dios, conocía sus pensamientos e intenciones. Pero la solución no estaba en “hacer más”, sino en estar quieta y contemplarlo.

Contempla a Cristo

En la Palabra de Dios se nos dice que todo tiene su tiempo. Servir no es malo en absoluto; de hecho, es el llamado de todo cristiano. Pero, si observamos a Jesús en los evangelios, el Siervo por excelencia, Él nunca corrió ni se afanó. Con un corazón manso y humilde, fue obediente al Padre hasta la cruz y llevó a cabo Su voluntad.

Amigas, sé que el mundo de hoy no ayuda. El descanso se toma como holgazanería y la quietud es una virtud que ya no se cultiva. Estamos llenos de ruido, pantallas, reunión tras reunión. Se celebra a la persona que tiene el calendario lleno, pero la pregunta sigue siendo: ¿qué es verdaderamente necesario? ¿Qué es lo importante?

Si decimos ser cristianas, tenemos al Espíritu Santo morando dentro de nosotras, quien nos guía y capacita para hacer la voluntad de Dios. La verdad no es solo la sociedad; muchas veces somos nosotras mismas, tratando de llenar vacíos con activismo, con tal de no estar a solas con Dios… y con nuestros pensamientos.

Es abrumador. He estado allí múltiples veces. Mi mente es una máquina que no para. Pero, con los años —y muchas veces a regañadientes—, he descubierto que escoger a Cristo es, efectivamente, la mejor parte. Escoger mirarlo, conocerlo, probarlo, contemplarlo.

No se trata solo de:
• Lectura bíblica: check.
• Oración antes de almorzar: check.
• Orar solo cuando quiero algo o estoy en peligro: check.

No. Se trata de tomarse el tiempo de estar quieta ante Él. Buscarlo por quién Él es, independientemente de lo que sienta o anhele en ese momento.

Es en Su presencia donde se reordenan nuestras prioridades.
Es en Su presencia donde encontramos refugio, amor, consuelo y aliento para enfrentar las dificultades que se nos presentan.
Es en Su presencia donde somos satisfechas, hoy y siempre.
Es en Su presencia donde estamos seguras, porque Él es la porción que nunca nos será quitada.

Podemos perderlo todo en este lado de la eternidad. Los cambios son inevitables, pero Cristo permanece, porque Él mismo nunca nos será quitado.

Recuerda las palabras de Jesús: “María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada”.

Reflexión

  • ¿Qué metas te has propuesto para este 2026?
  • ¿Qué te preocupa hoy?
  • ¿Qué versículos encuentras en la Biblia acerca de eso que te preocupa?
    (Ten a la mano uno o dos versículos y memorízalos).
  • ¿Qué es verdaderamente importante? Numera cuatro prioridades en tu vida. ¿En qué orden se encuentra Cristo, “la parte buena”?
  • ¿Cómo llevarás a cabo, de manera práctica, sentarte a Sus pies y escucharlo?

Recuerda

Un día a la vez, un cambio a la vez. Es mejor hacer solo una cosa y luego continuar con la siguiente.
Dios no tiene prisa.
Depende de Su gracia para iniciar y permanecer en Él cada día del año.

¡Feliz inicio de nuevo año! <3

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