Eres amada

En medio de una sociedad que nos exige hacer para valer, tener para pertenecer, lograr para ser vistas. Tenemos este hermoso recordatorio que, en el reino de Dios, todo es diferente: en Él somos y desde esa identidad trabajamos, servimos y vivimos.

“Nosotras le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”
— 1 Juan 4:19

Este es sin duda, uno de mis versículos favoritos, porque me recuerda que la fuente de todo amor verdadero es Dios. ¡Un alivio! Porque mi amor es condicional… y el Suyo no.

Una historia real

Una de mis luchas más profundas por años fue creer que Dios amaba a todos… menos a mí. En una temporada de depresión, silencios y pruebas seguidas, me convencí de que Dios no era justo conmigo. Pensaba que su amor era para otros y que de mí se había olvidado.

¿Te ha pasado?

La amargura me cegó. Mi corazón se enorgulleció, creyendo que merecía más.
Y, aun así —a pesar de mi rebelión interna— Su gracia me mantuvo cerca de Él.

Una y otra vez me recordaba a Cristo, pero yo solo quería dejar de sentirme como estaba.

A veces leemos verdades acerca del amor de Dios por nosotras y pensamos: “Ya sé.”
Pero no siempre las vivimos.
Y Dios quiere que no solo las sepamos… quiere las vivamos y deleitemos en ellas. Él anhela que estas verdades se anclen en lo profundo del corazón.

La realidad es que no merecemos nada.
Pero Dios, en su gran amor, ha querido dárnoslo todo.
Porque Él es así: bueno, compasivo, paciente, dador de vida.
Se deleita en tener misericordia.

Amor verdadero

Hoy, mientras leía Romanos 3, experimenté una inmensa gratitud al recordar cómo era mi condición natural sin Cristo y cuánto me amó Dios incluso ahí:

  • cuando vivía según mi naturaleza pecaminosa,
  • cuando no buscaba a Dios,
  • cuando no había temor de Él en mi corazón,
  • cuando mis palabras herían,
  • cuando la amargura llenaba mi boca,
  • cuando el orgullo guiaba mis pasos…

Aun así, Él me amó.
Aun así, Él te amó.

El amor de Dios no niega la verdad. La verdad es que estábamos bajo pecado y maldición. Pero —oh, el gran “pero” del Evangelio— el Padre envió a su Hijo para morir por nosotras. Y Jesús no solo murió: resucitó. Ahora tenemos una nueva vida en comunión con el Dios de amor incondicional.

¿Lo crees?

Si es así, significa que tienes una nueva identidad. Fuiste unida a Cristo y tu pasado quedó clavado en la cruz. Hoy eres justa y tienes vida, no por lo que haces, sino porque Jesús ya lo hizo todo por ti.

Querida amiga, que estas palabras sean un respiro para tu alma cansada.
Recuerda:  no hay nada que puedas hacer o dejar de hacer para que Dios te ame más o menos.  Él ya te amó primero, y ese amor sigue siendo suficiente hoy.

Para reflexionar:

  • ¿Qué dice Romanos 3:9–18 acerca de nuestra condición sin Jesús?
  • ¿Qué hizo Jesús por ti? (Romanos 5:6–8)
  • ¿Qué regalo te ha concedido Dios? (Romanos 6:23)

Eres amada. Profundamente amada.
Permite que Su amor te redefina.
Descansa en lo que Él ya hizo y vive desde la plenitud de ser Suya.

Compartir:

Deja un comentario