En medio de mi búsqueda de la felicidad, Dios me habló a través de un encuentro en Juan 4, la historia de Jesús y la mujer samaritana.
No puedo abarcar toda la riqueza de este encuentro, pero quiero compartirte tres verdades que transformaron mi manera de vivir la fe —especialmente en mi lucha contante contra el desánimo, la soledad y el agotamiento espiritual:
- Jesús se acerca a los pecadores
- Jesús habla verdad
- Jesús es la fuente de nuestra adoración verdadera
- Jesús se acerca a los pecadores
Jesús no se detiene ante el estatus social ni las normas culturales. Leemos que a Él “le era necesario pasar por Samaria” (Juan 4:4) y sabía que allí estaría una mujer marcada por la vergüenza, la culpa y la condenación.
Además, envía a sus discípulos a comprar comida, porque su propósito era claro: estar a solas con ella.
Entonces Él le pide de beber y le habla claro y directo:
“Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” (Juan 4:10)
El corazón de la mujer estaba sediento y seguramente en ese momento confundido porque un hombre y judío le había dirigido la palabra. Esto nos enseña un poco acerca de Su corazón: Jesús no espera a que nos hayamos “preparado” o “merecido” su atención; Él viene a encontrarnos donde estamos y nos lleva a la verdad.
2. Jesús habla verdad
En el proceso, muchas veces Jesús nos lleva a mirar e identificar los pozos agrietados en los que hemos estado buscando sentido y plenitud. En esta historia, Él dirige la conversación hacia un tema incómodo para la mujer:
“Ve, llama a tu marido, y ven acá.”
Ella responde: “No tengo marido.”
Él le dice: “Bien has dicho: no tienes marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido.” (Juan 4:16-18)
Esta mujer había creído que el amor de un hombre podría satisfacerla, pero sus cinco matrimonios fallidos y una relación sin compromiso demostraron que nada de eso podía llenar el vacío de su corazón. Ser expuestas nunca es fácil. A veces duele, otras veces nos avergüenza. Pero, querida amiga, Jesús no revela nuestros pozos para condenarnos. Él saca a la luz lo que escondemos para mostrarnos cuánto necesitamos de Él.
No somos diferentes a ella. Muchas veces intentamos llenar nuestra vida con obras, relaciones o expectativas, pensando que eso nos hará felices. Pero nuestros esfuerzos por calmar la sed del alma fuera de Cristo solo nos llevan a frustración, culpa e incluso al aislamiento. Recuerda el mensaje de Jesús:
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:14)
Solo en Él no tendremos sed jamás.
3. Jesús es la fuente de nuestra adoración verdadera
Jesús no solo nos ayuda a identificar nuestros pozos, pero nos ayuda a ir a la fuente correcta de nuestra adoración verdadera. En su encuentro con la mujer samaritana, ella intenta desviar la conversación hablando de religión…
